El sol petit

Para escribir la entrevista, este reportero tiene en mente otras manos más pecaminosas. Se ha subido a una escalera para, de encima de una estantería, bajar un archivador con libros descatalogados, cubiertos de polvo y donosas manos: Antología, de Emilio Prados; Mujer de verso en pecho, de Gloria Fuertes; El Estado y la Revolución, de Lenin; El Romancero del Ejército Popular; La poesía española, entre pureza y revolución (1930-1936), de Juan Cano Ballesta; Poesía y revolución, de Vladimir Maiakovsky; Libertad bajo palabra, de Octavio Paz; El poeta en la calle, de Rafael Alberti, y El hombre y el trabajo, de Arturo Serrano Plaja. Este reportero repasa el índice de El hombre y el trabajo, y halla el poema anhelado: “Estos son los oficios”, sobre la salacidad en las profesiones artesanales (carpintero, carbonero, pescador…): “Al dolor no se le canta, se le sufre y nada más”.

En “Estos son los oficios”, las ostentosas manos: “Del trabajo que nace con desprecio del llanto / brotan manos tan puras que arrancan de la tierra / campanas y martillos, / azadas, cubos, hachas / vigas, plata y metales / en preciados lingotes”. Las manos. Entre los oficios que ensalza el exiliado Serrano Plaja, de la Generación del 36, no figuran los músicos; sí los poetas, que para el caso es lo mismo: “tibiamente laten, irrevocables”. Las manos. Este reportero busca el poema de las calurosas manos, de los oficios y las manos afortunadas, para poner sobre la mesa todo el caudal místico de las manos cadenciosas de la pianista Katia Michel (Ginebra, Suiza, 1981), de madre catalana y residente en Barcelona. Las menudas manos de Katia Michel tocan los objetos con delicadeza.

La minuciosa mano derecha se sirve agua de Vichy en un vaso bajo. Cada veinte minutos, la acreditada mano izquierda sube hasta el sofisticado corte lateral de su peinado, que por detrás de la oreja se divide en dos tramos rectos que le dan volumen. En contadas ocasiones, las dos habilidosas manos súbitamente se juntan, se frotan y se almenan entre ellas, acoplándose para escuchar. Las manos también escuchan. En la Barcelona del 2014, difícilmente dos lanzadas manos contradicen el concepto de la “sociedad líquida”, del sociólogo polaco Zygmunt Bauman (Daños colaterales: desigualdades sociales en la era global), que afirma: “Nada encuentra una forma definida que dure mucho tiempo. Hay que decir que fundir lo sólido, hacerlo líquido y moldearlo de nuevo era una preocupación de la modernidad desde el principio”. Las sonrosadas manos de Katia, que volvieron a Barcelona cuando tenían ocho años, adoptan posturas sólidas.

Las afanosas manos de Katia Michel se han formado con la disciplina de las notas de la escala mayor de do: Do. Dolientes se quedaron las manos de Katia Michel tras la muerte de las pudorosas manos de Alicia de Larrocha, en el 2009 (Suite española). “Ella llegó a lo más alto”, reconocen las manos de cualquier color y sexo. Las decorosas manos de Katia fueron alumnas de las de De Larrocha. La Premio Príncipe de Asturias de las Artes (1994) alabó las volcánicas manos de la joven promesa, de las que destacó su “talento excepcional” y su “sensibilidad”. Las ponderadas manos de Katia saludaron las humildes manos de su maestra, pulsando las teclas blancas y las teclas negras, las teclas negras y las teclas blancas. Las manos negras y las manos blancas. Las manos. Re. Recatadas y rotas se habrían quedado sus frágiles manos de no haberse matriculado en la Academia Marshall, en Barcelona, fundada en honor de las históricas manos del pianista catalán de familia inglesa Frank Marshall (Vo d’orenetes), discípulas de las primorosas manos del compositor Enric Granados (Goyescas). Las curvilíneas manos de Katia debutaron en el Palau de la Música Catalana (Concierto para piano número 2, de Rajmáninov). Las manos. Mi. Misericordiosamente mordió la mano que le dio de comer, tal era el hambre de su música, de su andantino amoroso, de sus dulcémetes: “Mis amigas querían  ser astronautas, princesas, médicos… Yo quería ser pianista, lo tenía muy claro”. Las masculinas manos de su hermano se aficionaron al violín. Las femeninas manos de Katia prefirieron acariciar el lomo y la cola de los Steinway & Son. Sus enérgicas manos se perfeccionaron en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, en Madrid, junto a las veteranas manos de los pedagogos Dimitri Bashkirov y Claudio Martínez-Mehner.

“En mi formación también ha influido [las manos de] Stanislav Pochekin”, asienten sus manos. Las manos. Fastuosamente finalizaron los dos años de clases magistrales en Madrid. Las viajeras manos saltaron a Estados Unidos para cursar un máster y una diplomatura en la School of Music de la Yale University, en New Haven (Connecticut). Sus blanquecinas manos pasaron tres inviernos en Yale, sin mitones para tocar a Liszt aun las nevadas tardías. Las manos. Sol. Solicitadas estaban las pacientes manos de Katia Michel, que acabaron aceptando una oferta de profesora de piano en el Conservatori del Gran Teatre del Liceu: “Quería asentarme y buscar un equilibrio”. Sus dos manos se muestran optimistas: “La calidad de la enseñanza ha mejorado mucho en España”. Las manos. La. Laboralmente, sus valoradas manos combinan las idas con las venidas, los
idus con los nones, los síes con los bemoles. Los lunes y los martes, de tres de la
tarde a nueve de la noche, atienden en el Conservatori del Liceu, en la plaza de
Urquinaona, a una docena de alumnos adolescentes, en clases particulares que
aproximadamente duran una hora. Los miércoles se trasladan al Conservatori
Municipal de Música de Manresa. Cuando se encierran en el aula, los teléfonos
móviles no los cogen las cordiales manos. Las silencia, pero sus cantarinas
manos vibran. Las manos.
Si. Siempre que pueden, las pacíficas manos aporrean el piano, aunque el verbo
aporrear podría cambiarse por uno más idóneo, como seducir, embelesar y
enloquecer: “Como es uno, así toca. El intérprete ha de ser fiel a la partitura,
pero ha de adentrarse en ella para darle su toque personal”. La afición y el
desvelo de sus mágicas manos: el piano. Las azarosas manos de su pareja
sentimental la acompañan en los recitales: tocan el chelo. Cuando las cándidas
manos de Katia Michel se enfrentan a una actuación, se dan cuenta de que han
montado un séxtuplo de manos expectantes: “Somos tres: el público, el
compositor cuya obra interpreto y yo”. Las manos.
Las vitales manos de Katia Michel han ofrecido recitales en medio mundo y han
triunfado como solistas en la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, en la Orquestra
Simfònica del Vallès y en la Orquestra Barcelona Simfonietta.
*
Las geniales manos del veinteañero Ludwig van Beethoven dedicaron la Sonata para
piano número 1 en fa menor a las minuciosas manos de su amiguito del alma, las del
tempestuoso Joseph Haydn (Sinfonía Sorpresa), cuyas pretensiosas manos, a su vez, se
confraternizaron con las del irascible Wolfang Amadeus Mozart (Così fan tutte).
Ninguna de las seis universales manos cubrieron las vacantes del McDonald’s para
costearse sus prodigiosas carreras, aun la carestía de la Viena de entonces, por la que las
seis trotantes manos circularon, despiertas por los pinchazos de sus tormentosas,
viscerales y celestiales melodías. Las clásicas manos de los tres tenores del piano. No
mercadeaban con los rondós, con las variaciones y con los conciertos de cámara oculta.
Los políticos tienen una extremada facilidad para cargarse el planeta, como alertan las
comprometidas manos de Katia (“apúntate el nombre de la multinacional de la industria
farmacéutica Monsanto, que está envenenando la tierra con sus herbicidas Roundup”).
Con el fin de evitarlo, proponemos el tutorial Katia Michel, para aprender a tocar el
piano, para secretear con las cuerdas percutidas y amarrar con ellas la bancocracia. Para
ser mejores personas, en lo posible:
Teclas blancas, naturales:
Do. Conciencia.
Re. Dedicación.
Mi. Esfuerzo.
Fa. Fuerza.
Sol. Ganas.
La. Aptitud.
Si. Brío.
Teclas negras, sostenidas:
Do sostenido. Dolorosamente generosa.
Re sostenido. Rematadamente entusiasta.
Fa sostenido. Fácilmente intuitiva.
Sol sostenido. Solublemente dulce.
La sostenido. Lacónicamente bella.
Las melodiosas manos de la pianista hispano-suiza componen acordes menores y
acordes mayores.
Acordes menores (sonido triste):
-Do menor. Conciencia: “Preocupa a los músicos que los gobiernos recorten el
presupuesto de las actividades artísticas. Por ejemplo, en muchas escuelas de
música se ha prescindido de los profesores interinos, los más vulnerables. Los
políticos que ocupan cargos públicos han de tomar conciencia de que la música
no ha de medirse con los criterios de rentabilidad; lo espiritual también importa.
Si no, viviríamos sin Mozart, sin Chopin, sin Bach…”.
-Re menor. Dedicación: “En aquellas escuelas en las que no hay suficiente
profesorado, las clases de instrumento se han convertido en clases colectivas.
Los profesores le ponen toda la dedicación que pueden”.
-Do sostenido menor. Dolorosamente generosa: “Es una pena que por culpa de la
falta de asignación económica, en España se pierda potencial artístico. Es una
pena, y se empieza mal. Es frustrante y estresante que el profesorado no pueda
ofrecer la calidad artística exigida, la que ellos ofrecen, dolorosamente
generosa”.

-Fa sostenido menor: Fácilmente intuitiva: “Ha sido un desastre la subida del 21% del IVA en cualquier producto cultural (en otros países el impuesto solo es el 7%). Se han cancelado conciertos porque los responsables de las salas de los auditorios no pueden contratar a nadie. El ambiente se ha complicado, y la visión  que tenemos es fácilmente intuitiva: nos perjudicamos todos, como sociedad que
somos”. El 30 de octubre, el diario New York Times publicó un reportaje sobre la decadencia del Liceu: “Barcelona’s Liceu Theater Faces Challenges”.

Acordes mayores (sonido alegre):
-Fa mayor. Fuerza: “Con disciplina y fuerza puedes dotarte de un gran repertorio, y que tu programa sea variado en la actuación: romántico, clásico, barroco…”.

-Fa sostenido mayor. Fácilmente intuitiva: “Se ha demostrado que la música ayuda a que la persona se desarrolle, conecta los dos hemisferios cerebrales y forja el carácter. Con música, la persona se concentra y se espabila y es fácilmente intuitiva”.

Las manos de Katia Michel. Para hablar de las eras y el cemento, para nombrar los hombres trabajando, los hombres por su oficio, los hombres y las mujeres por sus nudos de sangre, quiero una voz de cuerda y unas manos de pan, para unirme al trabajo y a los besos al olor a cansancio merecido.
Jesús Martínez